"Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco". El principito.

viernes, 20 de mayo de 2011

Nubarrones encharcados.


Vaya. ¿Hasta este punto? ¿Tan lejos hemos llegado? ¿Por qué me depara esto el destino? ¿Por qué juega de ésta forma el de arriba?
No lo entiendo. La cosa más temida del mundo, aquella tan lejos de mí pero existente, aquella que me torturaba en sueño y pensamiento, aquella capaz de desbaratar mis sueños...se hace presente.
En carne y hueso. En cuerpo y alma. En pensamiento y obra. Delante de mí. Con mirada perdida y palabra firme. Con sonrisas y seriedad. ¿Cómo quieres que sobreviva a ello? Allí delante, veo que es tan superior a mí, tan perfecto, tan idealizado...¿cómo quieres que luche ante ello? ¿De qué forma voy a ganar? Es tan imposible...
Mi autoestima se va derrumbando segundo a segundo, delante de ella, en silencio. Mis ilusiones se vuelven miedo, mi seguridad en dudas, mi alegría en idiotez. Aguantando las lágrimas, imploro poder salir de allí y no alargar la agonía, sabiendo que al día siguiente volveré a revivirlo todo, cachito por cachito, segundo por segundo. Me desprecio, me ahogo. En su propia armonía. Tan ideal...
Pero yo le quiero. De verdad que lo quiero. Más que a nada. Esta vez no, no me lo quites, pide lo que quieras pero a él no...

lunes, 11 de abril de 2011

Me gusta así.


'Buenas noches'. 'Buenas noches, amor'. Levantas la sábana que nos cubre. Ya no hay luz. Un beso cálido, de despedida. Se cierran los ojos, se da la bienvenida a la 'pequeña muerte'. Pero, ¿sabes? No llega. Un ruido, una pequeña respiración, tus muelles quejándose. Un coche que cruza, una niña gritando, el estornudo de la habitación de al lado, los muebles de la vecina.
Y así pasan las horas....cambio de posición mil veces, me tapo y me destapo, reprimo toses y estornudos, reprimo las ganas de desnudarte de nuevo y.... intento dormir.
Sin embargo, aunque la alarma suene a las 8.30 y tú no te inmutes, aunque tenga unas ojeras hasta los pies y me duela todo, aunque no haya cerrado la mente un solo instante....no cambiaría esas noches contigo por nada del mundo.
Porque me encanta sentir la puntita de mis pies rozando los tuyos, porque me encanta que me abraces hasta rodearme, me encanta que mi mano note tus caderas y sentir tu respiración por encima de mi cabeza. Amo la sensación que tengo al notar tu corazón cerca de mi oído, y el rozar de mis piernas contra las tuyas.
No cambiaría por nada del mundo ese 'buenos días' con tu pelo de oro despeinado y ese ojito azulado que me mira sonriente pese no haber descansado nada. Esos bostezos y esos estiramientos que tiran las sábanas en el suelo...
El pasarnos como dos horas en la cama simplemente abrazados, con los ojos cerrados y hablando... sin prisa, sin reloj.
Otro cuento más en esta pequeña novela con copyright llamada relación.

lunes, 28 de marzo de 2011

Ways.






De toda la vida he sido pequeña, pequeñísima. Con mi escaso metro sesenta voy por la vida, tan feliz. Muchas cosas me vienen grandes, a muchas otras no llego, a otras tengo que subirme a esa espantosa altura, a pesar de mi vértigo. Sin embargo, mis pasos hacia delante no tienen nada de pequeños. Voy a pasos de gigante, siempre avanzando, aunque con dificultad. A veces me gusta donde llego, así que me quedo un ratito. Pero siempre sigo.
Cuando vas sola, vas a tu ritmo, sin excusarte por qué vas a ese paso o por qué vas tan rápido.
Ahora, sin embargo, voy contigo. Y tú, día a día, vas ayudándome a formar mi camino, nuestro camino. Y si me retraso, me esperas. Si me adelanto, me llamas. Si me canso me llevas en brazo, donde no hay vértigo alguno, y si tropiezo me sujetas. Siempre me das la mano cuando hay un escalón, y si hace falta me alzas en volandas.
Si se derrumba un edificio en medio del camino, que nos pone en peligro, tú me proteges con tu cuerpo, y si se inunda, me ayudas a nadar.
Si me gusta ese lugar, ese trocito del camino, te sientas conmigo a ver como se pone la luna y sale el sol, o viceversa. Me abrazas al ver todo lo que hay por delante, cuando se nos enseña la película de nuestra vida. Me gusta, y te gusta, porque así es cómo la vamos construyendo.
Y al llegar la noche, construyes ese fuerte donde no pueden pasar los malos, y así me duermo segura sabiendo que no dejarás que nadie se interponga entre tú y yo.
Y lo más bonito de todo, es que ni siquiera veo el final de ese camino....fíjate en lo que nos queda.

martes, 8 de marzo de 2011

Mi sueño.


Me gusta abrir los ojos y encontrarme en tu habitación, en tu cama, abrazada a ti, y sentir tu mano agarrada a mi cintura. Me gusta sentir tu piel junto a la mía bajo las sábanas, sentir el calor que desprendes, saber que no nos separa absolutamente nada. Me gusta observarte mientras duermes, con esa carita que no da lugar a preocupación alguna. Me encanta oír tu respiración, apoyarme en tu pecho sabiendo que es mío, sólo mío, y subir y bajar según tu corazón. Te miro, y ahí en la penumbra de las ocho de la tarde, con mi estómago rugiendo de hambre por las calorías quemadas y la nariz fría a causa de tu piso helado, siento que no cambiaría ese instante por nada del mundo, ni por todos los libros de Coelho existentes, ni por ocho mil capítulos de Bob Esponja. En ese momento, el reloj de la humanidad se para con el fin de darme permiso para perderme entre tus brazos, sabiendo que en poco una vez más... todo se desvanecerá.

sábado, 5 de febrero de 2011

Lucha.


Corre. Sólo corre. Caos. Conmoción. Estás confusa. No sabes que pasa, esto no estaba en tus planes. Huye. No pienses, no razones, es así. Y llegas a un pequeño rincón, donde sabes que la oscuridad no llega, que no te va a alcanzar, que estás a salvo de tus propios pensamientos, impuros, indignos, denigrantes. A veces te gustaría arrancar esa capacidad de unir conceptos de cuajo, quedarte inerte, ingenua, indefensa. Tal vez no te harías tanto daño...
Pero ya estás segura, entre tus propias sábanas de piel, y niegas a cualquier tipo de pensamiento entrar, te dices que no es necesario pasar por ahí, y de pronto aparece ese aglomeramiento de palabras muchas veces sin sentido que te rescatan de la realidad, y ves que hay 700 páginas por delante para evadirte.
Echas de tu propio mundo a todo aquel que no te interesa ni te aporta nada bueno, aquel que sólo te necesita para su propio bien y no piensa en ti. Con el enfado propio del episodio, intentas relajarte, convencida de que ya ha pasado el peligro. Pero en lo más profundo de tu corazón sabes que ha empezado, que se está haciendo fuerte... y entonces es cuando llega la 'guerra fría', una época en que ambos combatientes se disponen a obtener las mejores armas para el día del juicio final. El pasado contra el presente. Cada uno tiene sus armas, poderosas y tajantes. Sólo digo, que estoy dispuesta a ganar.

lunes, 17 de enero de 2011

Angustiada realidad.


Cada persona tiene sus logros, sus metas, sus fantasías. Cada uno está influido por su entorno, su personalidad, su carácter. Y todos nos marcamos el mismo fin; ser felices. Sin embargo, en medio del dulzor característico de la felicidad, pueden haber trazas de negro café que te pillen desprevenido. Pequeños manchurrones de angustia y dudas que hacen que no sea todo tan transparente y homogéneo. No sabes qué te conviene, ni qué debes hacer, y voluntariamente le das voto a tu subconsciente para que él tome las riendas de tus noches, a sabiendas que no lo hace bien, y que puede que te sientas mil veces peor después de tus reflexiones. En esos momentos te hundes en un mundo artificial, pero al mismo tiempo no sabes cuánto tiene de irreal y cuánto de verdad.

Ahí es cuando vienen los problemas, las incertidumbres y los sufrimientos. Ahí es cuando realmente sacas tu verdadero yo, sin máscara ni maquillaje, para que todo el mundo lo contemple. Pero, casualmente, siempre sale en la soledad de tus días... Y te das cuenta de que tu perfecta torre, esa con la que siempre habías soñado, realmente no existe.