"Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco". El principito.

lunes, 11 de abril de 2011

Me gusta así.


'Buenas noches'. 'Buenas noches, amor'. Levantas la sábana que nos cubre. Ya no hay luz. Un beso cálido, de despedida. Se cierran los ojos, se da la bienvenida a la 'pequeña muerte'. Pero, ¿sabes? No llega. Un ruido, una pequeña respiración, tus muelles quejándose. Un coche que cruza, una niña gritando, el estornudo de la habitación de al lado, los muebles de la vecina.
Y así pasan las horas....cambio de posición mil veces, me tapo y me destapo, reprimo toses y estornudos, reprimo las ganas de desnudarte de nuevo y.... intento dormir.
Sin embargo, aunque la alarma suene a las 8.30 y tú no te inmutes, aunque tenga unas ojeras hasta los pies y me duela todo, aunque no haya cerrado la mente un solo instante....no cambiaría esas noches contigo por nada del mundo.
Porque me encanta sentir la puntita de mis pies rozando los tuyos, porque me encanta que me abraces hasta rodearme, me encanta que mi mano note tus caderas y sentir tu respiración por encima de mi cabeza. Amo la sensación que tengo al notar tu corazón cerca de mi oído, y el rozar de mis piernas contra las tuyas.
No cambiaría por nada del mundo ese 'buenos días' con tu pelo de oro despeinado y ese ojito azulado que me mira sonriente pese no haber descansado nada. Esos bostezos y esos estiramientos que tiran las sábanas en el suelo...
El pasarnos como dos horas en la cama simplemente abrazados, con los ojos cerrados y hablando... sin prisa, sin reloj.
Otro cuento más en esta pequeña novela con copyright llamada relación.