"Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco". El principito.

sábado, 5 de febrero de 2011

Lucha.


Corre. Sólo corre. Caos. Conmoción. Estás confusa. No sabes que pasa, esto no estaba en tus planes. Huye. No pienses, no razones, es así. Y llegas a un pequeño rincón, donde sabes que la oscuridad no llega, que no te va a alcanzar, que estás a salvo de tus propios pensamientos, impuros, indignos, denigrantes. A veces te gustaría arrancar esa capacidad de unir conceptos de cuajo, quedarte inerte, ingenua, indefensa. Tal vez no te harías tanto daño...
Pero ya estás segura, entre tus propias sábanas de piel, y niegas a cualquier tipo de pensamiento entrar, te dices que no es necesario pasar por ahí, y de pronto aparece ese aglomeramiento de palabras muchas veces sin sentido que te rescatan de la realidad, y ves que hay 700 páginas por delante para evadirte.
Echas de tu propio mundo a todo aquel que no te interesa ni te aporta nada bueno, aquel que sólo te necesita para su propio bien y no piensa en ti. Con el enfado propio del episodio, intentas relajarte, convencida de que ya ha pasado el peligro. Pero en lo más profundo de tu corazón sabes que ha empezado, que se está haciendo fuerte... y entonces es cuando llega la 'guerra fría', una época en que ambos combatientes se disponen a obtener las mejores armas para el día del juicio final. El pasado contra el presente. Cada uno tiene sus armas, poderosas y tajantes. Sólo digo, que estoy dispuesta a ganar.