"Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco". El principito.

martes, 20 de julio de 2010

Terror a sentir

21.30. Dicen que...las segundas partes nunca fueron buenas..
Acaba de llegar a casa, cansada, de correr. Se sienta en su silla frente al ordenador y lo enciende. Mientras, va apurando los dos trozos de pizza ya seca que le guardaron, acompañado de un vaso de Coca-cola. La cena perfecta, pensaba ella. En cuanto acaba, coge el móvil. Y marca su número, una vez más.
Acaba de llegar a casa, cansado, de trabajar. Enciende la tele y se sienta en el sofá, dispuesto a hacer zapping. Piensa que en la nevera tiene la cena, y que debería comer algo, pues está exhausto. Pero el teléfono reclama su atención; lo mira, y efectivamente, es ella. Sonríe y le acepta la llamada. Oye su cantarina voz, siempre risueña y contenta. Se intercambian un buen número de palabras, pese a que por la mañana ya había conversado. En medio de esa perfecta conversación, ella interrumpe, alegando que la ducha la espera, y él lo afirma pidiendo unos minutos para engullir su cena fría y una pieza de fruta. Y así, con palabras perfectas, se despiden momentáneamente.
21.46
Ella, corriendo como una bala, se lanza sobre las escaleras y se encierra en el baño, se quita la ropa tan rápido como puede y se mete en la ducha. Se asea como nunca lo había hecho, e inmediatamente sale y se fija en su record; cinco minutos. Perfecto. Se viste, y sale disparada a su habitación de nuevo.
Él, deprisa, va a la cocina y saca el táper que su madre le reserva todas las noches, junto con la nota de 'come algo de fruta'. Engulle rápidamente y vuelve a la habitación, apagando la tele del salón de paso. Siete minutos. Y espera.
21.56
El teléfono vuelve a sonar. Él contesta; es hora de sumergirse en su mundo, contarse mil cosas, secretos, anécdotas, pensamientos. Es tiempo para recordar la importancia del uno con el otro; de intercambiar palabras de cariño y jugar.
23.50
De repente, se corta; ella no tiene saldo ya. ¿Ahora que? Antes de que transcurran sesenta segundos, el móvil ya vibra, acompañado de su perfecto nombre. Hola de nuevo.
01.23
Creen que ya es hora de dormir; mañana hay mucho que hacer, y ellos ya llevan como cuatro horas sumidos en su realidad perfecta. Toca despedirse; aunque ninguno quiere. Él le confiesa que, acostado en su cama con la luz a oscuras, si cierra los ojos la puede ver; ella sonríe y opina que prefiere verle cara a cara. Él le recuerda que su voz le relaja, y ella corrobora que está en un estado sumamente placentero. Así, con amor, se despiden hasta el día siguiente, que no iba a ser tan bueno como hoy...pero ellos aún no lo sabían.

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