"Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco". El principito.

martes, 8 de marzo de 2011

Mi sueño.


Me gusta abrir los ojos y encontrarme en tu habitación, en tu cama, abrazada a ti, y sentir tu mano agarrada a mi cintura. Me gusta sentir tu piel junto a la mía bajo las sábanas, sentir el calor que desprendes, saber que no nos separa absolutamente nada. Me gusta observarte mientras duermes, con esa carita que no da lugar a preocupación alguna. Me encanta oír tu respiración, apoyarme en tu pecho sabiendo que es mío, sólo mío, y subir y bajar según tu corazón. Te miro, y ahí en la penumbra de las ocho de la tarde, con mi estómago rugiendo de hambre por las calorías quemadas y la nariz fría a causa de tu piso helado, siento que no cambiaría ese instante por nada del mundo, ni por todos los libros de Coelho existentes, ni por ocho mil capítulos de Bob Esponja. En ese momento, el reloj de la humanidad se para con el fin de darme permiso para perderme entre tus brazos, sabiendo que en poco una vez más... todo se desvanecerá.

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